Un cántico por Leibowitz
De Llanos y Valdez (Red.robot)
Durante la segunda guerra mundial, Walter M Miller participó en la destrucción por bombardeo de la abadía de Monte Cassino.
El monasterio había estado ahí desde el año 529. Antes de su destrucción en el 44 había resistido al saqueo de los Lombardos en una era y al de Napoleón en otra.
El impacto que produjo en Miller su crimen contra el patrimonio histórico lo llevó, quince años mas tarde, a publicar un clásico de la ciencia ficción, “Un cántico por Leibowitz”
Este fin de semana me fui a la playa y no me pude llevar el proyector. Haré un poco de trampa y pondré el review de los libros que me llevé para esas horas en que no conviene abandonar la sombra. Como imaginarán, el cántico fue uno de esos libros.
La historia comienza en el desierto que rodea al monasterio de Leibowitz. Es un futuro lejano, pero el mundo ha regresado a la era medieval despues de que la guerra nuclear lo destruyera todo.
Justo despues de que explotara la bomba, los supervivientes desarrollaron un odio feroz contra la ciencia, que despues se extendería hacia la cultura. Hubo grandes quemas de libros seguidas por quemas de científicos.
Ahí es donde entra Leibowitz. Ese santo ingeniero transformado en sacerdote pidió permiso al Papa para fundar una orden dedicada a la adquisición y protección de toda la sabiduría del tiempo antes de la bomba.
Milenios despues, la órden ha olvidado el significado de los textos y diagramas que proteje, pero copia amorosamente a las leyes de la relatividad de Einstein y a las tablas de logaritmos. Sus pergaminos, laboriosamente decorados con miniaturas y hoja de oro, esperan la llegada de una mente capaz de descifrarlos y reconstruir al mundo.
Este libro esta compuesto por tres noveletas relacionadas que nos dan una perspectiva de milenios, pero que pueden hacer que se pierda un poco la escala humana. Sus personajes terminan convirtiendose más en alegorías que en personas. Son alegorías poderosas, afortunadamente, que nos permiten sentir como el hombre no es sino un eslabon en la cadena ciclica de las eras.

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