Los Falsificadores
(Actualizado, tras plática con Dijiko Chan. Modificaciones en itálicas)
Rompiendo con la costumbre, fui a ver “Los Falsificadores” al cine. Normalmente veo las películas en mi pequeña sala de proyecciones, y los compañeros de asiento me recordaron rápidamente por que: Toses, celulares, churros grasientos… Pensé que no iba a poder disfrutar de la película, pero en eso se encendió el proyector y me fuí a otro mundo.
Lo primero que llamó mi atención fue la fotografía. Las imágenes que proyectaron tienen mucho en común con las que me gusta tomar: Grano grueso, colores levemente desaturados y tintes poco confiables que a ratos se corren hacia el verde y a ratos hacia el violeta. Aunque la película es contemporánea, el estilo de fotografía me llevó inmediatamente al pasado en el que la trama se desarrolla, y lejos de los no tan bienvenidos compañeros de butaca.
Lo segundo que me jaló hacia la acción es el vestuario: Dicen que la moda alcanzó su punto máximo a principios de siglo, y empezó a decaer de los 60s para acá. Los vestuarios de esta película, que se ubica en la Europa de la segunda guerra y años cercanos, me convenció de que en otras décadas la ropa era mucho más elegante y favorecedora, tanto para las damas como para los caballeros.
Mencionaré un tercer detalle estético antes de pasar a los aspectos más existenciales de la cinta: La música.
Por alguna extraña razón, el director decidió que los tangos instrumentales le vendrían bien a la banda sonora de una película ubicada principalmente en un campo de concentración. Dejiko Chan me advirtió que escucharía mucha música chirriante en esta película, así que dí por sentado que escucharía, dado el tema, muchos violines tristísimos y sentimentales. Si algo se le da a los argentinos, es hacer música llena de pathos…
…De ahí mi sorpresa. Efectivamente eran chillones, pero estos tangos venían de las variedades más ligeras y casuales. Bien instrumentados, pero eran música de restaurante, demasiado leve.
En un principio tomé a esta discrepancia musical como señal de que el director no entendía de música.. Pero despues, durante un festival dentro del campo, uno de los prisioneros ameniza cantando “E lucevan le stelle“. Es una pieza particularmente bien escogida para la situación, así que ahora me pregunto si simplemente me eludió el concepto de los tangos…
(Iluminación, cortesía de Dijiko Chan: Podemos interpretar a los tangos como un viaje del protagonista a su lugar feliz, un intento de evadirse de una realidad demasiado desagradable…Un poco como el tema de Brazil en la película de Gillian.)
Ahora si, vamos a la trama, que esta basada en hechos históricos: Hacia los finales de la segunda guerra, la economía alemana estaba en muy malas condiciones. Matando dos pájaros de un tiro, los nazis arrancan la operación Bernhard: Reclutan a los impresores, banqueros, falsificadores y demás especialistas de entre los judíos que había en sus campos de concentración, y los ponen a falsificar libras, y después dólares. De este modo reforzarían su economía y simultáneamente desestabilizarían la del eje. Como beneficio adicional, podrían deshacerse de sus falsificadores en cualquier momento para borrar las pistas. ¿Quien iba a echar de menos a una docena de judíos en medio de la segunda guerra?
La historia esta vista desde la perspectiva de Salomon Sorowitsch, que es arrestado antes de la guerra precisamente por haber hecho una falsificación imperfecta del dolar. La operación entonces no solamente le salva la vida, sino que además le da la oportunidad de, ahora si, vencer a ese reto y salvar su orgullo profesional.
Sin embargo, uno de sus compañeros no esta muy contento con lo que están haciendo: El dinero que falsifican salva sus vidas, pero le da a la máquina alemana los recursos que necesita para seguir destruyendo. La tensión de esta película viene de esa disyuntiva, y de la sombra constante del sabotaje.
Otro contraste, y fuente de tensión: El idealismo del saboteador, enfrentado contra la mera supervivencia. En una situación como esa, sobrevivir es en si mismo una meta digna de respeto, una cuestión casi de honor. Aun en la situación casi abyecta del campo de concentración, el protagonista mantiene su dignidad y se hace respetar. Al idealismo intangible del saboteador el opone otra energía que en principio suena similar, pero tiene una naturaleza muy diferente: Enfrenta al idealismo con honor.
El honor no es un idealismo, es la raiz del respeto, y el respeto es un asunto muy práctico.
Termino la reseña con una nota histórica: El saboteador de la película,Adolf Burger, es el único personaje de esta película que realmente existió con sus características y su nombre. Vive todavía, y sus memorias fueron la base de la que partió el film. Los otros personajes, Sorowitsch incluido, son imaginarios, aunque fuertemente basados en la realidad.

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